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sábado, 18 de mayo de 2013

El Sabor


Cuando la necesidad aprieta nada puede hacer que nuestros instintos sean apaciguados salvo darles lo que nos piden. Las fieras cuando tienen hambre comen, cuando tienen que aparearse se aparean y cuando tienen sueño duermen.
Más o menos es lo que nos pasa a los hombres, si tenemos una calentón nos masturbamos, si tenemos hambre comemos, etc etc. Existe un punto donde no podemos complacernos y es, si queremos follar NO FOLLAMOS, nos jodemos y tenemos que buscar la persona que desee complacer nuestro apetito.

Esta vez el hombre si encontró a la mujer que apaciguaría sus deseos y los alimentaria de lo que el mas deseaba, placer. La situación ya venía de lejos, varias semanas sin sexo hacen que el animal tenga un alto deseo de follar y de liberar energía a través del sexo.




Como casi siempre previo a la cita siempre existen piques y palabras que te hacen imaginar las florituras que conseguirás hacer con ella o los movimientos que ella realizara sobre ti. Una vez ambos de cuerpo presente comienza el ritual previo al acto.

Tomar algo y comer para tener energías suele ser el primer paso. Durante el camino los besos se sucedían, húmedos  deseosos, ardientes, no eran los típicos besos de labios con labios, no, en este caso se veían los deseos a través de los ojos, de las caricias llenas de picante y mordiente, directas donde más hacen crecer las fantasías y las ganas.

Un rincón es testigo de un empujón  acorralada por el hombre que quiere probar a su presa. Ella está sorprendida pero llena de ganas de que lo haga, que hinque sus dientes en su dulce cuello y pruebe una pequeña parte de lo que puede llegar a tener. Se le eriza la piel al sentir los dientes y los labios recorrer cada milímetro de su cuello. Lanza un suspiro y se muerde los labios, cierra los ojos y nota la mano del cazador entre sus piernas, se humedece más al notarlas. Le aparta de un empujón y continúan su viaje.

Tras el tentempié hay que pasar al primer plato y para ello ya es necesario algo de intimidad y de oscuridad. El destino es el cine para matar horas y tener sitio más o menos privado.
Comienza la película y pronto empiezan los roces. Una mano entre las piernas hace que a ella se le escape algún leve gemido. Se tapa la boca, no quiere que la oigan aunque la sala está vacía.


Ella se deja caer sobre el asiento tapándose la boca como puede y nuestro cazador sigue con sus roces y movimientos sobre la ropa. Sin aguantar más se lanzan el uno sobre el otro en busca de los labios, fundidos en besos casi dolorosos pero muy placenteros.

Mordiéndole los labios, susurrando al oído lo que desea desliza su mano sobre los pantalones de nuestro hombre que evidentemente esta con ganas de algo más. Ella hace lo propio como él y empieza los movimientos para apaciguar ligeramente el hambre que tiene. Las respiraciones cruzadas y aceleradas de ambos parece llaman algo la atención y paran durante unos instantes para no llamar la atención.

El estar en un sitio público parece darle un poco más de erotismo y peligro a la caza y eso hace que nuestros protagonistas gocen y quieran más de esta situación.
Con lo que parece un descanso él hace un movimiento en su pantalón  se desabrocha. Ella está más tranquila y nota como le agarra la mano y la dirige al miembro del cazador.

Una perversión llamativa y muy morbosa en medio de la sala. Al oído le susurra, eres muy malo. Ella sin cortarse ni importarle la gente procede a lamer cuidadosamente el pene, duro, brillante, caliente. Resoplos son los sonidos que aparecen, placer es la sensación que tiene.



Se incorpora y besa a nuestro hombre muy lascivamente. Me tienes muy cachonda son las palabras que salen de la boca de la presa que parece apresar al cazador entre sus labios y una peligrosa lengua.
No suelta su polla, la sigue moviendo pendiente de que no pare de disfrutar. El cazador cazado podría decirse.

Esta inevitablemente a merced de la presa, su presa, su deseo, su pasión  Largos movimientos con la lengua al rededor del pene acompaña a los movimientos de la mano, quiere su premio. Se ha ganado probar ese elixir tan deseado.

Se muerde los labios mientras se corre, una corrida muy ansiada, deseada, esperada. Aunque no en el lugar más imaginado pero si en el mejor momento. La película está en el mayor momento con más ruido y explosiones. Otra explosión más sabrosa brota y llena la boca de la mujer, de la presa, la verdadera cazadora.

Un sabor salado inunda sus papilas gustativas, una sonrisa muy sensual recorre su cara. Un final para la película perfecto. El resto de la historia la ponéis vosotros.

1 comentarios:

JUANJO dijo...

Y qué razon!! Me ha encantado

Os invito a una nueva web CHICAS XXX

Saludos desde TODO SEXO

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